Colonia Santa Fe: la obra pública reaparece con los nombres de siempre y un convenio que nunca llegó al Concejo

La Provincia anunció más de $1.804 millones para la primera etapa de recuperación de la Colonia Santa Fe. Pero detrás de la foto oficial asoma una trama más incómoda: el convenio base firmado en 2025 preveía control legislativo local, nunca ingresó al Concejo y todavía persisten dudas sobre el destino real del predio y el beneficio concreto para Alta Gracia.

La Colonia Santa Fe volvió al centro de la escena política de Alta Gracia con una imagen conocida: funcionarios, anuncio millonario, obra pública y relato de gestión. La gacetilla municipal difundida el 25 de marzo informó que el convenio de financiamiento fue firmado por Jorge De Napoli y Fabián López, con el acompañamiento de Marcos Torres y Facundo Torres, para que la Provincia de Córdoba financie el inicio de las obras de recuperación del predio. Coberturas locales precisaron que la inversión anunciada para la primera etapa asciende a $1.804.862.686,40, con un plazo estimado de seis meses, restauración de ocho chalets, recuperación de fachadas y estructuras, refuncionalización de interiores y nuevas redes de servicios.

Hasta ahí, el discurso oficial busca instalar una idea simple: después de años de gestiones, finalmente llegó la obra. El problema es que, cuando se revisan los papeles, la historia deja de ser tan lineal.

El convenio firmado en 2025 entre la Provincia de Santa Fe y la Municipalidad de Alta Gracia establecía que la Municipalidad se comprometía a financiar y ejecutar los trabajos para dejar en condiciones de habitabilidad las construcciones del predio, incluyendo los chalets, el comedor, la vivienda del cuidador y también obras de servicios como agua, desagües, cloacas, gas, alumbrado y accesos.

Ese mismo convenio fijaba además una lógica muy clara de contraprestaciones: recién una vez concluidas las obras, Santa Fe cedería en comodato por al menos 20 años una superficie de 1,5 hectáreas para un futuro centro cívico y 3 hectáreas junto al arroyo Chicamtoltina para uso turístico. Es decir: primero Alta Gracia debía poner en marcha la obra y cargar con el esfuerzo material; después venía la cesión parcial del uso.

Y ahí aparece el primer dato político fuerte de esta historia: el esquema cambió. El convenio de 2025 cargaba la mochila sobre el Municipio; el anuncio de marzo de 2026 muestra que Córdoba absorbió el financiamiento total de la primera etapa. Eso puede leerse como una solución a un problema de viabilidad, pero también como una admisión indirecta de que el esquema original, tal como fue presentado, no era autosuficiente.

Pero el punto más delicado no está sólo en la plata. Está en el control institucional. La cláusula séptima del convenio de 2025 establece que el acuerdo entra en vigor desde la firma, pero que se someterá a aprobación ad referendum del Concejo Deliberante de Alta Gracia y, en su caso, de la Legislatura santafesina.

Según confirmó a Suban El Volumen el secretario legislativo Ismael Feliciani, no hubo ingreso formal de nada vinculado a ese convenio en el Concejo Deliberante. Y ese dato cambia el tono de toda la discusión. Porque entonces la pregunta ya no es sólo qué obras se van a hacer, sino por qué un acuerdo que preveía tratamiento ad referendum nunca fue remitido al cuerpo legislativo local.

La propia cobertura anterior de Suban El Volumen ya venía advirtiendo sobre este punto con el planteo del “convenio fantasma”. Es decir: el problema institucional no apareció ahora; ya estaba planteado desde antes.

Pero a esa zona gris se suma otra pregunta igual de importante: para qué, concretamente, se va a usar la Colonia Santa Fe y cuál es el beneficio real para Alta Gracia de una inversión de esta magnitud. Consultado por Suban El Volumen, el concejal opositor Ricardo González cuestionó justamente esa falta de claridad. “No son claros respecto de cuál va a ser el destino que se le va a dar a la Colonia, ni cuál es el beneficio para Alta Gracia de invertir todo ese dinero. Hablan de revitalizar el turismo, después de un centro de convenciones, después de un comodato, pero en realidad nada termina de quedar claro”, señaló.

La observación de González no apunta sólo a la falta de definiciones sobre el uso futuro del predio. También se mete en el corazón político del anuncio. “Lo único que queda claro es que a través de la obra pública aparecen los mismos de siempre. Los Torres siempre aparecen alrededor de la obra pública en Córdoba y en Alta Gracia”, afirmó.

En ese contexto, la nueva foto oficial no despeja dudas: las reorganiza. Porque ahora aparece el financiamiento provincial y, con él, reaparece también la misma constelación de nombres que hace tiempo orbita la obra pública, el poder territorial y la administración del relato. Entre ellos, Hugo Testa, cuya presencia no parece decorativa sino política.

Por eso, más que una simple noticia de infraestructura, la Colonia Santa Fe vuelve a mostrarse como un espejo de una mecánica más profunda: la obra pública como vidriera de acumulación política. Lo que se discute no es sólo una intervención sobre un predio histórico. Lo que se discute es quién controla, quién decide, quién capitaliza y quién rinde cuentas.

También hay una segunda capa institucional que no conviene perder de vista. Aun si mañana el convenio fuera remitido al Concejo para su tratamiento, el desenlace político parecería bastante previsible. La mayoría oficialista viene funcionando, en los hechos, como garantía de aprobación de los expedientes relevantes. La oposición puede debatir, cuestionar, dejar constancia de objeciones y exponer inconsistencias. Pero si el resultado nunca cambia, entonces el control legislativo corre el riesgo de quedar reducido a formalidad, y el Honorable Concejo Deliberante, de parecerse más a una escribanía política que a un verdadero contrapeso institucional.

La pregunta, entonces, no termina en la Colonia Santa Fe. La pregunta es más amplia y más incómoda: ¿qué lugar ocupa el Concejo en la arquitectura real del poder local? Porque en Alta Gracia, una vez más, la obra pública no sólo mueve fondos y ladrillos. También ordena protagonismos, reparte centralidad y exhibe quiénes siguen estando siempre en la foto cuando aparece el dinero.

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