Demian Reidel: del cerebro técnico del mileísmo a una salida bajo cuestionamientos

La renuncia de Demian Reidel a la presidencia de Nucleoeléctrica Argentina no fue un hecho aislado ni meramente administrativo. Se produjo en un contexto de denuncias por contrataciones cuestionadas, tensiones internas y un progresivo desgaste político que contrasta con el rol estratégico que había ocupado dentro del gobierno de Javier Milei.

La figura de Demian Reidel ocupó, durante buena parte de 2024 y 2025, un lugar central en el esquema de poder del oficialismo. Físico y economista, con un perfil marcadamente técnico y académico, fue uno de los principales arquitectos del andamiaje intelectual que rodeó al presidente Javier Milei en el inicio de su gestión.

Del Consejo de Asesores al sector nuclear

En marzo de 2024, Reidel asumió como jefe de Gabinete del Consejo de Asesores del Presidente, un cargo clave en la elaboración de lineamientos estratégicos del Gobierno. Desde allí, se consolidó como un actor influyente en la toma de decisiones, especialmente en materia económica y de reformas estructurales.

En julio de 2025, presentó su primera renuncia: dejó ese cargo mediante decreto presidencial para concentrarse de lleno en su otra función, la presidencia de Nucleoeléctrica Argentina, responsable de operar las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse.

En ese momento, la salida fue comunicada oficialmente como una decisión de especialización y eficiencia, en línea con la intención del Gobierno de impulsar el denominado Plan Nuclear Argentino. No hubo cuestionamientos públicos ni señales de conflicto político.

El segundo adiós: una salida envuelta en polémica

El escenario cambió de manera abrupta en febrero de 2026, cuando Reidel presentó su renuncia a la presidencia de Nucleoeléctrica Argentina. Esta vez, el contexto fue completamente distinto.

La dimisión se produjo en medio de denuncias por presuntas irregularidades en procesos de contratación, con especial foco en licitaciones de servicios cuestionadas por posibles sobreprecios. A esto se sumaron renuncias y desplazamientos de gerentes cercanos a Reidel, lo que dejó al descubierto fuertes tensiones internas dentro de la empresa estatal.

El directorio avanzó con intervenciones administrativas, auditorías y revisiones internas, mientras crecía la presión política y mediática para que se aclararan los hechos. En ese clima, la continuidad de Reidel al frente de la compañía se volvió insostenible.

Silencio oficial y costo político

A diferencia de su salida del Consejo de Asesores, esta renuncia no estuvo acompañada por respaldos explícitos desde la Casa Rosada ni por explicaciones detalladas sobre el estado de las investigaciones internas. El episodio representó un golpe sensible para el Gobierno, al involucrar a una de las empresas estratégicas del Estado y a uno de sus cuadros técnicos más representativos.

El contraste entre el discurso de gestión técnica, austera y transparente y las denuncias que rodearon la salida de Reidel expuso una de las principales tensiones del modelo libertario cuando debe administrar estructuras estatales complejas.

Una frase que dejó marca

La renuncia también reactivó el recuerdo de episodios polémicos previos que marcaron el paso de Reidel por la función pública. Entre ellos, volvió a circular una frase que había generado un fuerte revuelo en 2025.

Durante un foro internacional ante inversores extranjeros, Reidel afirmó que “el único problema de Argentina es que está llena de argentinos”. Si bien la expresión fue pronunciada en tono irónico y luego relativizada por el propio funcionario, fue interpretada por amplios sectores como despectiva hacia la sociedad argentina.

En aquel momento, el comentario provocó críticas transversales, reacciones en redes sociales y cuestionamientos incluso desde espacios cercanos al oficialismo. La frase quedó asociada a una mirada tecnocrática y confrontativa, que priorizaba el análisis estructural del país por sobre la sensibilidad política y social.

Hoy, con su salida de Nucleoeléctrica en medio de denuncias por contrataciones cuestionadas, aquel episodio vuelve a aparecer como parte de un perfil que nunca terminó de encajar del todo con la lógica del Estado y sus responsabilidades públicas.

Más que una renuncia

Más allá de la figura de Reidel, el caso abre interrogantes más amplios:
¿hasta dónde llega la autonomía de los técnicos en el Estado libertario?
¿qué margen real existe para gestionar empresas públicas sin chocar con viejas estructuras?
¿y qué costos políticos asume el Gobierno cuando sus cuadros “modelo” quedan bajo la lupa?

Lo cierto es que Demian Reidel pasó, en menos de un año, de ser uno de los cerebros más influyentes del mileísmo a protagonizar una de las salidas más incómodas del esquema oficial.

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