Un recambio silencioso: extracción de árboles, desorden interno y contradicciones técnicas en el Boulevard Alfonsín

En menos de una mañana, cuadrillas municipales y provinciales removieron decenas de árboles en el Boulevard Alfonsín. La explicación oficial llegó tarde y cargada de contradicciones: errores de plantación, criterios cambiantes, filtraciones internas, fallas técnicas y decisiones sin aviso previo a los vecinos.

Los vecinos del Boulevard Alfonsín se despertaron con un movimiento inusual: operarios municipales extrayendo árboles jóvenes que llevaban años intentando crecer en uno de los corredores verdes de Alta Gracia. No hubo aviso, no hubo carteles, no hubo comunicación previa. Solo máquinas y palas. Y muchas preguntas.

Lo que parecía una intervención rutinaria pronto dejó entrever descoordinación interna, cambios de criterio ambiental, y una cadena de decisiones sin respaldo técnico suficiente, según surge del diálogo que Suban El Volumen mantuvo in situ con empleados municipales y luego con personal del Ministerio de Ambiente de la Provincia.


“A mí me mandan”: órdenes confusas, áreas cruzadas y responsabilidades diluidas

Los primeros trabajadores entrevistados fueron contundentes:
“A mí me mandan.”

Cuando se les preguntó quién dio la orden de extraer los árboles, surgieron respuestas contradictorias:

“Esto lo manda la Gaby” (por Gabriela Lavilla, directora de Espacios Verdes y Ambiente).
“La orden viene de Amalia Berberian” (jefa del Vivero Municipal desde septiembre de 2025).
“Es de Matías Odiard” (Secretario de Servicios Públicos y Ambiente).

El intercambio dejó expuesto algo más profundo: no existe un canal claro y unificado de decisión, y los operarios ejecutan tareas sin recibir un criterio técnico consistente ni herramientas para explicar a los vecinos lo que está ocurriendo.


Un error que vuelve: plantar mal, mantener poco y después arrancar todo

Uno de los empleados reconoció fallas estructurales en la plantación original: pozos demasiado pequeños, raíces compactadas, falta de agua y ausencia de un sistema de riego profundo.

Explicó lo que debería haberse hecho desde el inicio:

“Esto tiene que ser un caño… regarlo por el caño… así te asegurás que abajo las raíces agarren.”

Ese caño de PVC vertical —una técnica básica para asegurar humedad profunda durante el arraigo— nunca se colocó.

El resultado fue inevitable: árboles débiles, secos, mal enraizados, que ahora se justifican como “recambio necesario”.


La versión oficial: “recambio por flora nativa”

La explicación del Ministerio de Ambiente de Córdoba giró hacia un enfoque técnico. Según sus agentes:

— Las pezuñas de vaca plantadas por el municipio años atrás hoy presentan comportamiento potencialmente invasor.
— Serán reemplazadas por chañares, sen del campo, moradillos y algarrobos, todas especies nativas de la región Santa María.
— La intervención es un “trabajo articulado” entre Provincia y Municipio.

Sin embargo, la pregunta sustancial quedó sin una respuesta sólida:

¿Por qué se plantaron esas especies no adecuadas en primer lugar?

La justificación fue vaga:

“Antes no se sabía… los estudios cambiaron… es prueba piloto.”

Vecinos recuerdan que el municipio repitió el mismo error en Lucas de Córdoba, plantando pezuñas de vaca que luego también fueron retiradas. Un patrón que se repite.


El costo oculto: tiempo perdido, recursos públicos y una comunicación inexistente

La extracción de los árboles implica:

  • años de crecimiento ecológico desperdiciados,

  • recursos públicos mal invertidos,

  • un boulevard nuevamente desnudo,

  • y pérdida de sombra y biodiversidad.

A esto se suma un problema que se está volviendo estructural: la falta total de comunicación oficial.

Ni un aviso barrial.
Ni un comunicado municipal.
Ni una señalización mínima.

Incluso un empleado lo reconoció sin rodeos:

“Lo podrían haber comunicado bien, que la gente entienda.”


Entre áreas cruzadas y criterios variables, la ciudad queda rehén de la improvisación

Las funcionarias involucradas —Odiard, Lavilla y Berberian— tienen roles distintos pero interdependientes. La confusión de los operarios respecto a quién ordena, quién ejecuta y quién supervisa expone fallas importantes en la gestión interna.

Del otro lado, la Provincia sostiene un discurso técnico que no coincide con decisiones recientes del Municipio.

El resultado es conocido por los vecinos:
decisiones tomadas sin planificación, sin transparencia y sin coherencia entre áreas.


Mientras los criterios cambian, el costo siempre lo paga el arbolado urbano

Lo ocurrido en el Boulevard Alfonsín es parte de un ciclo recurrente en la ciudad:

  1. Plantar mal.

  2. No mantener.

  3. Declarar que “no sirvió”.

  4. Sacar todo.

  5. Volver a empezar.

Un sistema que opera sin planificación a largo plazo, sin documentación, sin comunicación y sin un plan integral de arbolado urbano.

Mientras tanto, la sombra tarda décadas.
Y la improvisación, apenas minutos.

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